Una diosa fácil de amar.

Entraban a la sala de parto muy apresuradamente dos doctores junto con tres enfermeras. Los latidos del bebé se iban a cero en cada contracción. El doctor introducía su enorme mano dentro de mí y hacia unos movimientos. Realmente yo no sabía lo que hacía, no podía ver. Solo sentía que por dentro todo se movía. Los latidos de su corazoncito se volvían a escuchar y así todos salían de la sala dejándome con mi familia, hasta la próxima contracción donde todo esto se volvía a repetir.

— ¿Qué está pasando David? ¿Voy a perder al bebé?

— ¡No! No vas a perder nada, trata de mantenerte relajada. Los doctores están haciendo todo lo posible—David trataba de tranquilizarme, pero en su rostro no había otra cosa que el reflejo de un hombre muerto del miedo.

El perder los latidos del bebe en la cuarta contracción fuerte el doctor nos advierte del peligro. Nos dice que si ese panorama continuaba tendrían que hacer una cesárea de emergencia. No podíamos seguir arriesgándonos. Dos horas más tardes y luego de haber visto a un enorme doctor casi sentado sobre mi vientre, comencé a pujar.

Dentro de aquella habitación había tres enfermeras, dos doctores, David, William y mi mamá. En total, 16 ojos abiertos grandemente mirando a un mismo lugar. ¡Mi parte intima! No era la imagen que había soñado. Mejor dicho, mi embarazo dejo de ser un sueño desde mi quinto mes. ¡Quería que todo terminara! ¡Todo era una pesadilla dolorosa! Muy dolorosa.

¿Por qué era una pesadilla? Esto fue lo que paso…

Entre el quinto y el octavo mes estuve hospitalizada tres veces por contracciones prematuras. Igual que mi primer parto. El mismo que conté en el post “La llegada de mi caballero”. Al parecer este embarazo quería ser igual. Sin embargo esta vez el riesgo era más grande. Mi bebé estaba mucho más prematuro que mi primera experiencia y yo ya no tenía 19 años. Tenía 37. Teníamos que hacer lo posible por mantenerla dentro el más tiempo posible. ¡Sí, mantenerla, era una niña la que esperaba!

Para resumir un poco todo el caos, fueron tres hospitalizaciones de una semana cada una. Medicamentos, inyecciones, toma de presión, toma de temperatura, suero, en fin, todo lo que conlleva estar en una situación como esa. Los doctores me incapacitaron, ya no podía trabajar, solo podía estar postrada en una cama día y noche. Solo tenía autorización para ir al baño y sentarme para comer. ¡Cama, cama y más cama era lo único que experimente durante aquellos tres meses!

Entonces, allí me encontraba, por cuarta vez en aquel hospital. Había pasado sola la noche anterior sala de parto. El hospital lleno a capacidad no tenía habitación para mí. No pude pegar ojo en toda la noche, los dolores no desaparecían. Los medicamentos para sostener a la niña ya no hacían efecto. Dolor, cansancio, tensión, temor. Todo a la vez, ya quería que se acabara todo y si tenía que ser cesárea pues que así fuera.

_ ¡Puja Sannia, puja!—me decían todos.

Si miraba a mi hijo su rostro de asombro, nerviosismo y pánico me desconcentraban. Un poco más y se tragaba la cadena que guindaba de su cuello. Si miraba a David también me desconcentraba, su rostro era de temor y desesperación cada vez que la cabecita de la bebe volvía a desaparecer. Si miraba a mi madre, su sufrimiento por mí, el dolor que reflejaba, tampoco dejaba concentrarme. Decidí mirar solo al doctor.

Luego de muchos pujos, mucho llanto y un deseo enorme de tirar la toalla nació la niña.

—David, cuéntale todos sus deditos. Que tenga 5 en cada mano y 5 en cada pie—no entendía porque tendía hacer esto en cada parto.

Era de color rosa, era hermosa y ya estaba en mis brazos. Me la colocaron en el pecho, esta vez sólo por segundos. Rápido la tomaron y se la llevaron. Me limpiaron, me cosieron y al par de horas, me llevaron a una habitación.

Isis Anabelle nació a las 4:32 de la tarde. Elegimos ese nombre por sus significados. Isis, reina del trono. Anabelle, fácil de amar. Estábamos felices, pero como muchos bebes prematuros, tuvo complicaciones al punto de tenerla que colocar en incubadora, oxigeno y permanecer en la Sala de Intensivo por 5 largos días. Desde mi quinto mes hasta varios meses después de su nacimiento la tensión parecía no querer irse de nuestro hogar. Muchas complicaciones tuvo nuestra bebe durante sus primeros tres meses de vida. Fue tanto y tanto lo que sufrí que nunca quise hablar de esto hasta hoy. ¡27 meses después! Así fue como decidimos convertirme en madre a tiempo completo. No me arrepiento ni por un solo segundo.

Fue un momento muy difícil para todos. Pero lo logramos, hoy día nuestra niña es una inteligente, hermosa y saludable. Nuestra reina fácil de amar llego para robarnos a todos el corazón. ¡Valió la pena tanto dolor!

Besos,

Sannia.

 

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21 comentarios en “Una diosa fácil de amar.

    1. No lo había pensado de esa manera. El escribirlo me transportó a todos los sentimientos de miedo, dolor, incertidumbre y desesperación que pase. Sin embargo, tu comentario me ha hecho ver que sí, existe dulzura dentro de su historia. Además de un inmenso amor. Gracias por tu comentario!!! Besos!!

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      1. Somos dos amiga!!! Somos dos que no nos lo imaginamos!!! Jajajaja Sería demasiado pronto. Aunque yo a su edad ya lo tenía a él. Sin embargo es por esa misma experiencia que me gustaría el disfrutara de su juventud y su enfoque en los estudios. Me tranquiliza mucho su manera de pensar. 😉😉😉

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      2. es que se construye con ejemplos, y no necesariamente el haberlo tenido joven sea tu ejemplo, sino que luchar y esforzarte por darle lo mejor, y tal vez el comprendió y aprendió y esperará a ser capaz de darle todo lo lindo que recibió de ti =)

        abrazooo

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      3. son lo que es no mas =)

        te conozco re poco y solo por la web . pero logro captar que tenemos formas muy similares de ver/vivir la vida … y creo que es lindo ver representado a futuro (por la edad de tu primer hijo) lo que yo estoy intentando hacer con mi porota =)

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  1. Qué bonito Sannia!! Muy duro, muy intenso, muy difícil y sufrido, pero con un final bonito, precioso, y eso es lo importante y con lo que seguro te has quedado. Nadie te borrará esos meses de desesperación, pero viendo la gran recompensa que tuviste seguro que los ves de otra manera 😉 Me alegro que tu reina esté sana. Fácilmente os robó el corazón, y con razón. Un besazo guapa!

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    1. Muy ciertas tus palabras. Ciertamente con el pasar del tiempo estoy agradecida de que cada acontecimiento me trajo a mí niña. El mundo se convierte mejor con cada hijo. Cada uno trae algo especial a nuestras vidas y la convierte en una caóticamente hermosa!!!! Gracias por tus lindas palabras y por tus visitas. Tienes un reto guapa en Twitter. Un reto en el que te invitamos David y yo. 😂😂😂 No sé si nos dejes de querer cuando lo veas. Jajajaja. Besos.

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